5 consejos para lidiar con el sudeste asiático

Es cierto que en las últimas décadas la globalización ha acercado muchísimo a todas las culturas y que, a primera vista, quizá parezca que en cualquier parte del mundo todos somos iguales y todo funciona de la misma manera.

Por supuesto, basta con viajar al país más vecino (incluso, por qué no, a la ciudad más vecina) para darse cuenta de que los códigos, las reglas, las costumbres de cada lugar no son 100% transferibles.

Acá les dejo unos consejos para disfrutar al máximo del sudeste asiático que, si bien está compuesto por culturas muy diferentes entre sí, comparte algunas generalidades por proximidad y origen.

  1. Armate de paciencia en los traslados

Moverse por tierra en el sudeste asiático, al menos de manera independiente y sin agencias de viaje que pasen a buscar por la puerta del hotel, es una tarea ardua, una experiencia en sí misma.

Es imperante que cualquier viajero proveniente del Occidente, léase Europa y América, deje en su casa antes de partir todas sus ideas de lo que es trasladarse antes de llegar a esta región. Las distancias en kilómetros o millas se vuelven en estos países un dato muy, muy, relativo.

¿Por qué?

Por empezar, el terreno en gran parte de esta zona es muy irregular y sin caminos propiamente asfaltados. Eso hace que cualquier cálculo estándar de recorrido se eche por tierra. En zonas montañosas como las de Laos y Vietnam, no esperes que el vehículo, sea una minivan o un bus, se mueva a más de 30-40 km/h.

Bus de la frontera de Vietnam hasta uno de los primeros pueblitos al norte de Laos.
Bus de la frontera de Vietnam hasta uno de los primeros pueblitos al norte de Laos.

Bueno, listo, hago esa cuenta y calculo. Del punto A al punto B hay 100 km. ¿Entonces por qué me dicen que este viaje dura 5 horas?

Simple, es que no calculaste que el conductor para 2-3 veces antes de salir del punto A a recoger cajas, sacos y gente en lugares completamente aleatorios. Ni que el colectivo, más o menos de la época de la Indochina, iba a quedarse parado en el medio de la ruta durante al menos una hora.

Mis recomendaciones para cualquier viaje por tierra o agua en esta región son:

– Consultá e investigá la duración de los tramos y a esa duración estimada, agregale 2 horas. Funciona siempre.

– Hacete la idea de que no vas a viajar cómodo. No tendrás espacio para las piernas, no va a haber aire acondicionado y probablemente vayan en el vehículo al menos un tercio más de personas que las que caben por regulación (inexistente). Cualquier caso contrario, tomalo como una bendición.

– Llevate agua y alguna cosa para comer. Mentalizate que ese día será un día dedicado a viajar y no esperes hacer mucho más que eso.

– Siempre que el vehículo pare, bajate, andá al baño o comé. Hacé lo que hacen todos.

– No dejés tus cosas de valor descuidadas en ningún momento.

– Disfrutá de los paisajes, la mayor virtud de viajar lento.

Uno de los famosos jeepneys de Filipinas, yendo de Sabang a Port Barton.
Uno de los famosos jeepneys de Filipinas, yendo de Sabang a Port Barton.
El transporte público en Indonesia puede ser un poco intimidante.
El transporte público en Indonesia puede ser un poco intimidante.
  1. Acostumbrate a ser un bicho raro

Puede que vos hayas alcanzado el punto más alto de iluminación y te sientas en armonía con todos los seres de este planeta, que son iguales a ti. Bueno, en Asia, lamentablemente, siempre vas a hacer un occidental y solo por tener 2 pelos de barba ya serás considerado diferente.

Vayas donde vayas, especialmente en destinos no tan abrumados por el turismo masivo, te van a mirar. Fijo. Todo el tiempo. Muchos te seguirán por curiosidad, te señalarán como cuando te tenían de punto en el colegio, se reirán de ti, se sorprenderán de verte. (Hace unos días hice llorar a una niña laosiana con solo sonreírle).

En Indonesia, la gente te trata como una celebridad. Te invitan a su casa, quieren sacarse fotos con vos, te siguen durante cuadras. Recuerdo una vez haber sido acechado por un indonesio en moto que nos seguía a la misma velocidad. Se acercaba y nos hacía preguntas en el medio de la ruta.

Todo esto suena super divertido y excelente medicina para aquellos con poca autoestima. Pero con el paso del tiempo, puede volverse molesto.

Hay que hacerse la idea y seguirles la corriente.

En Lovina, Bali.
En Lovina, Bali.
Mientras que buscábamos orangutanes, los muchachos de Ketambe pidieron foto con el hombre pelado.
Mientras que buscábamos orangutanes, los muchachos de Ketambe pidieron foto con el hombre pelado.
  1. Tratá de tolerar las costumbres religiosas predominantes

No todos son budistas en el sudeste asiático. De hecho, su país más poblado es mayoritariamente musulmán.

Para alguien que nunca había viajado por África, ni Medio Oriente, por ejemplo, el Islam no significaba mucho hasta este año. Y de golpe me pasé todo el Ramadán en la isla más musulmana de Indonesia.

Si les llega a pasar lo mismo y provienen de países occidentales católicos, donde la religión no se entrelaza tan fuertemente con la vida diaria de la gente y su gobierno, prepárense, porque se viene una experiencia importante.

Además de los rezos normales por megáfono desde decenas de mezquitas en la ciudad, en este mes los rezos se multiplican y su frecuencia es apabullante. Las madrugadas son imposibles para dormir y la abstinencia de los locales altera toda la rutina del lugar.

A menos que como parte de tu viaje quieras convivir con esta religión, evitá viajar por Malasia, Indonesia, Singapur y Brunéi durante el Ramadán.

En el caso del budismo y el hinduismo, basta con acatar las normas de vestimenta en sus respectivos templos.

Kota Bharu, Malasia.
Kota Bharu, Malasia.
Gran Mezquita en Medán, justo enfrente de nuestra habitación de hotel, como para escuchar bien los rezos de las 4 AM.
Gran Mezquita en Medán, justo enfrente de nuestra habitación de hotel, como para escuchar bien los rezos de las 4 AM.
  1. Regateá todo*. Siempre.

Siguiendo la premisa del punto número 2, como sos diferente a todos los asiáticos, los precios que te van a querer cobrar también van a ser diferentes. Es muy importante entender que en la mayoría de los países del sudeste asiático no solo está bien visto regatear en la compra de un producto, sino que también se espera que uno lo haga.

Como regla general, el primer precio que te digan es tres veces más de lo que podés pagar si sos bueno regateando. No digo que sea fácil llegar a ese último precio, pero es posible con práctica.

Entiendo que muchas veces el precio inicial pueda resultarte ya barato por el producto, pero estarás pagando un precio super inflado si al menos no intentás conseguir un descuento del 25%.

Diría que es clave regatear en los transportes sin regulación, como todos los Tuk Tuks (en todas sus variantes según el país) que merodean las terminales lejos de las ciudades. Estos son los que más intentan maximizar la ventaja que tienen sobre vos: estás cansado, querés llegar a un lugar con cama y dejar tu equipaje, no conocés (supuestamente) la ciudad ni las distancias. No dudes en alejarte de estos vehículos si el precio es irrisorio. Generalmente el mejor precio se consigue dándoles la espalda.

Por más que haya un precio anotado, se puede regatear.
Por más que haya un precio anotado, se puede regatear.
Campo de batalla de regateo en Ho Chi Minh.
Campo de batalla de regateo en Ho Chi Minh.

*Hay ciertos establecimientos en los que realmente no se acostumbra a regatear. Puede tratarse de tiendas de marcas occidentales (la Big Mac te la van a cobrar lo que dice en el cartel luminoso) y por ciertas cosas específicas que tienen un valor universal, como por ejemplo una cámara GoPro. Atenti, que incluso los lugares con carteles que dicen “No Haggling” (no se regatea), terminan cediendo al regateo. Posta.

  1. Aprendé lo básico del idioma.

No estoy diciendo que aprendas a leer caracteres tailandeses ni las tonalidades del jemer. Pero, como mínimo, aprendé a decir “Hola/Chau”, “Gracias”, “No/Sí” en el idioma del país que vas a pasar un mes.

Puede parecerte innecesario pero sirve, aunque sea, como muestra de respeto o introducción a la cultura del lugar.

Aunque parezca mentira, hay muchas zonas del sudeste asiático, una región muy, muy, turística, donde la gente no habla nada, nada de inglés. Y en esos lugares vas a agradecer haber intentado aprender cómo se dice “sal”, “hielo” y “pepino”. En serio.

"Advertencia: Prohibido arrojar basura en esta zona"
“Advertencia: Prohibido arrojar basura en esta zona”
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