Indonesia, archipiélago de decisiones

El tiempo es finito. Indonesia no.

Los dos meses que te dan en la oficina de migraciones, carcomidos por la semana que te toma realizar el trámite para obtenerlos, serán una pizca ínfima en la eternidad que camina, o bien nada, por las más de 17.000 islas de esta nación.

Pero, ¿no es acaso caprichoso llamar nación a lugares tan disímiles y remotos entre sí?

Basta con pasar un par de semanas en Bali, la isla más turística pero también de una cultura única en el país, para empezar a entender la diversidad que engloba Indonesia.

Danza balinesa donde los ojos y las manos juegan un papel importante.
Danza balinesa donde los ojos y las manos juegan un papel importante.

Cada chófer de taxi al que subimos tuvo una historia para contarnos, un origen aún más remoto que el anterior.

¿Al Este?

El de Flores, una de las islas menores de la Sonda, con su bagaje católico legado de la colonia portuguesa, nos contó sobre el gran énfasis que se hace de la fidelidad y la monogamia en la sociedad. La combinación de las tradiciones ancestrales de las tribus del lugar con la religión occidental es cuando menos simpática: para proponer matrimonio a una mujer, el hombre debe regalarle a su familia 7 piezas de marfil, por lo que suele tener que pedir préstamos a amigos y familiares.

Hete aquí el problema de ser infiel. Habrá una cola de gente lista para fajarte, comenzando por tu padre.

Si con eso no alcanzara, las islas de la Sonda —Lombok, Sumbawa son otras de las más importantes— se jactan de varios volcanes importantes, buenas playas y los habitantes que más gente atraen: los dragones de Komodo.

Antes de terminar de relamernos con aventuras más allá de la línea de Wallace, quizá hasta llegando a la remota Timor Occidental y Oriental (esta última otro país pero que comparte isla), sacamos la calculadora y el calendario.

En Indonesia, cuanto más al Este, más duele el bolsillo y las sentaderas. Las distancias por tierra se complican y hay que tomar barcos; los aviones son pocos y prohibitivos. El sueño empezaba a terminar.

Padangbai
Padangbai
Tanah Lot o Templo en el Mar, en Bali
Tanah Lot o Templo en el Mar, en Bali

¿O al Oeste?

Haber empezado nuestro recorrido de Indonesia por Bali podrá ser calificado como bendición o maldición, según el día que me preguntes. Estamos en el medio de todo, de cara a un abismo desconocido. Tratamos de hacer ya oídos sordos a las historias de mares repletos de mantarrayas y tiburones con quienes nadar; las hamburguesas de ballena, plato tradicional de las Maluku, también tendrán que esperar a otra oportunidad. Ni siquiera pienso en Papúa Occidental, a esta altura siento que la Siberia sería más accesible.

Es momento de mirar hacia otro lado.

Con un poco de imaginación, creo podemos escuchar los aromas de azufre tan pronto comienza la Java Oriental de imponentes volcanes y cráteres acídicos. Parece que será mejor encarar en esa dirección; de camino trataremos de congeniar con amaneceres en montes lunares, templos y la cultura javanesa de la que nada sé. Nuestro Norte será Yogyakarta en el centro de Java, cuya cercanía aflora maravillas religiosas como Borobudur y Prambanan.

¿Después? Pues no lo sé. Me aterra pensar en la inabarcable Sumatra, del tamaño de España pero con orangutanes en lugar de gallegos, plantaciones de palmas y rutas en papel imposibles. Historias de la red —porque cuesta encontrar gente que vaya en esa dirección por tierra— hablan de moverse a la velocidad de una oruga, con un máximo de 250 km cada 7 horas, sea cual sea el vehículo.

¿Quería salirme del circuito turístico? Ahora bancatelá.

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