La reivindicación de Bali

Escribo estas líneas desde las mazmorras de una carabela portuguesa, con destino final al infierno. O Timor Oriental que para el caso será lo mismo. No sé cuándo perdí el rumbo, pero intento mirar hacia atrás y todo se ve muy borroso. Quizá sea el hedor a ratas mejor alimentadas que yo o la falta de agua. Mi único compañero de celda aún vivo, Pierre, o “el francés” —como le diría si tuviera saliva para emitir palabra alguna—, conjura una agónica melodía con su armónica; con la marejada, el trance es inescapable.

Bueno, mentira. En realidad escribo estas líneas desde una placentera habitación con vista a una más placentera piscina. Pero fue una linda introducción, ¿no?

Estoy en Kuta, Bali, Indonesia.

Nunca digas nunca Kuta

Mucho había leído sobre el desenfreno australiano en la isla de Bali, las calles atestadas de motos, las playas inmundas, las olas de un mar que no se cansa de escupir surfistas novatos. Nada de todo eso sonaba como la Indonesia que queríamos conocer y parecía clarísimo que primero pisaríamos alguna ciudad de Java.

Pero los vuelos a bajo costo mandan y desde Bangkok, Bali fue lo más barato, y lo más eficiente en cuanto a la logística posterior de miembros del grupo que luego seguirían su camino partido.

Para evitar las masas fiesteras que concurren a tropel a Kuta, señalamos con el dedo un poco más al Este y otro poquito más al Norte, y dejamos que nos cagara un taxista hasta llegar a Sanur.

Bali es casi todo menos playas

Lo primero bueno con lo que nos encontramos en Bali fue que hay viento. Y viento significa que no hace tanto calor y realmente podés estar afuera sin asarte durante el día. Punto para Bali.

Pero, ¿cómo serían las playas?

Después de excelentes pedazos de arena a modo de peaje al lecho marino como las playas de Perhentian en Malasia o muchas de las que estuvimos en Tailandia, las expectativas para Bali no eran para nada recatadas.

Y la verdad es que Bali, en lo que playas concierne, decepciona. Para adeptos como nosotros al esnórquel, la plancha, no ahogarse, y no terminar desangrado contra las rocas, las olas del oeste de la isla son demasiado.

Los surfistas chochos.

Sobre el Este el mar es calmo pero nada espectacular. Al Norte, la arena es volcánica y por ende negra. El negro en arena parece sucio.

Pero, igual:

¡Qué bueno que está Bali, que te re contra!

Por qué visitar Bali si no hay buenas playas

Los balineses son increíblemente amables. Si tuviera que pagar 1 peso argentino por cada vez que me sonrieron y me saludaron en la calle en estas dos semanas, le debería a alguien muchos pesos argentinos, porque no me traje muchos pesos argentinos, pensando que me serían de poca utilidad.

Tirta Empul, un templo hinduista donde sus creyentes se bañan para purificarse.
Tirta Empul, un templo hinduista donde sus creyentes se bañan para purificarse.

Los poblados son muy pintorescos. Ya en Sanur, claramente una zona medio hotelera para la tercera edad, caminar era entretenido por las construcciones. Todo está bañado de esa elegancia arquitectónica del hinduismo balinés; el aroma a los sahumerios de las ofrendas diarias te persigue donde sea.

Templo Ulu Watu.
Templo Ulu Watu.

Ni que hablar si te vas al medio de la isla, al icónico Ubud, lugar donde son habitués seguidoras en crisis de mediana edad del bestseller “Comer, rezar, amar” y otros que buscan encontrar su espíritu envueltos por la selva montañosa y húmeda de la región. Basta pedalear un par de kilómetros para adentrarse en caminos lindados por terrazas de arroz y niños bañándose en algunos de los tantos brazos de agua dulce.

Terrazas de arroz camino a Tengal Lang
Terrazas de arroz camino a Tengal Lang

Jumanji digital

Pero la verdad, la verdad, es que Bali siempre ocupará un lugar muy especial en alguna parte de mi caja torácica por un hecho específico.

Mi primer final de madrugada en Ubud, mientras me desperazaba frente al fondo de pantalla y contemplaba el fondo de paisaje verde agreste más allá de la baranda del balcón, fue decididamente especial.

A la salida también decidida del sol noté extraños movimientos un poco más allá del recinto de nuestro hotel. Con la agilidad que en países tercermundistas asociaríamos a individuos malintencionados de orígenes marginales, vislumbré una pandilla de macacos balineses aproximarse. Los más grandes lideraban de rama en rama, a techos de las diferentes construcciones. ¿Estarían de paseo?

Abandoné mi posición de trabajo poco ergonómica que milagrosamente aún no me ha emparejado problemas de columna ni túnel carpiano y procedí a hacer lo que probablemente llevará a la perdición de la humanidad: registrar el momento.

Poco tiempo transcurrió entre que empecé a disparar un par de fotos mal enfocadas y el momento en el que me di cuenta de que era quizá yo y mi paquete de galletitas dulces el motivo de esta visita simiesca.

Pero ya era tarde. El mono mayor tomó el paquete. Giré. Lo vi. Grité. Y le grité. Me miró. Grité. Me mostró los dientes. Grité. Victoria despertó. Grité.

Temí por el mouse y la computadora, pero estimo que al mono solo le importaba aquello fácilmente comestible y sin sabor a silicio.

Agitado, tomé todo mi equipo de trabajo y regresé a la habitación, cerrando el balcón con doble llave tras de mí.

Me mandaron pa' adentro.
Me mandaron pa’ adentro.

Me sentí el hazmerreír de Darwin, pero en ese momento no pensé que pudiera contra ellos. Y abatido me refugié en ese mundo de estructuras que hemos creado para que no vengan otros animales más fuertes y rápidos que nosotros a robarnos el sustento. Y en Internet que es algo similar.

Parecido al gordo este era el que me robó las galletitas.
Parecido al gordo este era el que me robó las galletitas.

Ahora, siempre que se me cruce por la cabeza que el mundo es mío, que todo es posible, que estamos en la cima de la cadena trófica, recordaré aquella madrugada en la que una pandilla de monos me arrebató el desayuno.

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2 comentarios

  1. Y saben perfectamente abrir mochilas, cierres, etc todo por comida.
    Que hermosas fotos! Que lugar!
    Y si no te veo en una muy buena postura frente a la.compu ja ja. Cuidate! Besoss!

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