Apnea de ensueño

Me aferro a la boya salvavidas, contorsionado por las convulsiones naturales del vómito; escondo el rostro a media agua, casi exhalando el estómago, pero solo los labios se tiñen del agua salada.

“¿Cómo es posible que cuerpo y mente de una misma persona puedan estar tan en desacuerdo sobre gustos?”, me preguntaría si no estuviera preocupado por mantener la vista en el horizonte de la isla, a lo lejos, por permanecer a flote, y al mismo tiempo explicarle a mi instructor chileno que me deje arquear el cuello para concretar la arcada; después de todo en esto de vomitar YO soy el experto.

Y como experto en esta materia de someter al cuerpo a lo que la mente desea, insisto en no regresar al barco: estoy listo para volver a sumergirme y continuar con el curso de apnea.

Dejar el tanque en el placard

Preparándome para la zambullida de pato. Sí, se llama así.

La apnea o buceo libre es una disciplina, un deporte si se quiere, bastante extremo. Básicamente consiste en ponerse una máscara, un par de aletas, tomar una buena bocanada de aire y sumergirse en el agua, lo más profundo que uno pueda conteniendo la respiración.

Existen diferentes variantes de apnea, como la de peso constante, en la que el buzo debe bajar siguiendo una cuerda como guía pero sin tocarla, con la sola ayuda de las aletas, y sin soltar ningún peso al ascenso; la inmersión libre, en la que el buzo desciende propulsándose con los brazos por una soga. Entre las más desafiantes y por qué no espectaculares está la “sin límites”: en esta apnea los buzos suelen bajar con una guía mecánica y luego subir con un globo lleno de aire.

El récord de profundidad en esta disciplina es de 214 metros.

Más allá de que con solo mis flaquezas físicas sería imposible aspirar a practicar este tipo de buceo competitivamente, al poco tiempo de estar en el agua también noto las grandes barreras mentales que hay que derribar para sentirse cómodo enfrentándose al infinito abismo de los océanos.

Horizonte azul

Todos estos años de esnórquel amateur estuve equivocado. Sumergirse en el agua mirando hacia el fondo es un error. ¿Acaso miramos hacia arriba cuando caminamos por la peatonal? No, la posición de la cabeza, que en el agua hace las veces de volante, debe siempre estar con los ojos hacia al horizonte, relajada.

Si bien esto en la superficie resulta normal y ameno, bajo el agua es muy extraño e incómodo. Cabeza al frente, el único horizonte es un vasto azul vacío, interminable, sin indicaciones de profundidad más que un degradé de tonos azules cada vez más oscuros.

Ante la quietud y la falta de burbujas, los peces pierden el miedo y se acercan.
Ante la quietud y la falta de burbujas, los peces pierden el miedo y se acercan.

Más extrañamente, dejarse caer así es mucho más simple. Al ascenso de mi primera inmersión no puedo evitar mirar hacia arriba en lugar de hacia adelante.

8 metros con una sola inhalación.

El cerebro es quien manda

Como mamíferos terrestres, el agua no es nuestro fuerte. Pataleamos toscamente, nos cuesta movernos hidrodinámicamente, nos ahogamos.

Pero además de nuestras limitaciones físicas, el cerebro envía señales diferentes para protegernos. Cuando contenemos la respiración (en el agua o no), los niveles de oxígeno en la sangre disminuyen y los de dióxido de carbono aumentan. El cerebro detecta esto y no le gusta, para nada.

Más de uno habrá probado contener la respiración en la pileta y recordará la sensación de asfixia. No es de lo más agradable. Haciendo este curso me enteré de que, como Papá Noel, esta sensación es una mentira que nos dicen de chiquitos.

En palabras simples, el cerebro le dice al cuerpo que no tiene más oxígeno y que se va a morir, cuando en realidad la cantidad de oxígeno puede ser aún amplia. Y por eso nos desesperamos y salimos a la superficie.

En el buceo libre, el objetivo es entender todo lo que le sucede al cuerpo y a la mente bajo el agua, como por ejemplo esto.

A profundidades más lejanas y circunstancias especiales, nuestro cuerpo puede activar vestigios de nuestra vida acuática y que con frecuencia otros mamíferos, como las ballenas, utilizan como moneda corriente.

El reflejo de inmersión en los mamíferos es complejo, así que les dejo un enlace para los interesados.

Relajación y una pastillita

En el segundo día del curso quería poder disfrutar un poco más de todo, así que investigué y compré una pastilla para aplacar las náuseas y los vómitos que me trae estar dos horas en el medio del mar.

Funcionó casi al 100% y continuamos con las técnicas.

En la instrucción de buceo libre, el foco nunca se pone en un límite de profundidad ni en una cantidad de tiempo; lo importante es relajarse y sentirse cómodo bajo el agua. Es extraño, pero a cierta altura (o no altura) sumergido, uno siente que lo invade una calma casi agobiante.

En los pocos segundos que podía mirar a mi alrededor no había nada ni nadie alterando ese gran silencio; en ese instante, aquel universo azul me pertenece. Será tuyo, ¡pero qué poco aire que hay en este universo de porquería, che!

Ahí es cuando levanto la cabeza y veo sol, en su versión subacuática.

Así que debo admitir que esos segundos se esfuman rápidamente. De inmediato mi cabeza recuerda que estoy a casi 10 metros de profundidad y que no soy un maldito delfín.

El diafragma se contrae involuntariamente para enviar más oxígeno a los pulmones; esa sensación no es tan agradable como lo debe ser para los delfines. A subir.

Buceo libre vs buceo con tanque

¿Carnet de conducción subacuática?

Cada tipo de buceo tiene su atractivo y no fue mi intención hacer este curso para que reemplace al más tradicional buceo con tanque. Más bien, sentía que algunas de las técnicas de respiración y relajación, así como la teoría y el respaldo de alguien que te supervise, serían muy útiles como herramientas para mi esnórquel diario por estos lares.

Esta es la misma arena de los tiburones pero sin ellos.

Lamentablemente para mis compañeros de esnórquel, hoy piensan en abandonarme entre los corales, cansados de esperar mis ciclos respiratorios y relajación sobre el nivel del mar. Parezco más concentrado en armonizar las inhalaciones y exhalaciones, en disminuir el ritmo cardíaco, que en los colores de las criaturas, las plantas marinas oscilantes, la manada de tiburones que deambulan cerca de la arena.

Básicamente, estoy hecho un estúpido que respira mucho.

Aunque no pueda prometerlo, quizá en un par de semanas la novedad de la apnea quede atrás y regrese al tradicional pasatiempo de perseguir pececillos como un niño. Quizá no.

Cualquier cosa, sabrán encontrarme en la superficie tomando aire para la siguiente aventura submarina.

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