Rodeados de agua, en Tailandia

Volver a escribir acá me resulta análogo a llamar a una tía abuela que hace mucho no llamás. La querés un montón pero se te pasó el tiempo y quizá no tenías demasiadas novedades para contar. Además mira mucho TN y siempre te tira pálidas.

Quizá la última parte no encaje demasiado con la analogía.

¿Hola, tía? ¿Cómo andás?

Habla Nico, tu sobrino nieto que se fue a Asia hace 2 meses. Antes de que me hablés de inflación, inseguridad, linchamientos y la vuelta de Tinelli, que al fin y al cabo son más o menos la misma cosa, te cuento yo:

¡Tenemos casa en Tailandia!

Vinimos a una islita y acá nos quedaremos al menos un mes. Por un rato podemos desempacar sin miedo a hurtos; podemos dormir sin compartir dormitorio con holandesas que sonámbulas despiertan de madrugada pidiendo socorro (¿qué cómo lo sé? Bueno, resulta que “ayuda” en holandés es muy similar a en inglés); Gretel puede descansar tranquila sabiendo que su cepillo de dientes está en el baño.

Panorámica de Hin Wong Bay
Panorámica de Hin Wong Bay
Hin Wong Bay, desde el agua.
Hin Wong Bay, desde el agua.

Y es un alivio.

¿Que qué isla?

¡Koh Tao! Es una isla bastante pequeña en el Mar del Golfo de Tailandia. Eso sí, tailandeses acá hay pocos. Este lugar es algo así como la meca del buceo barato pero bonito: las 60 empresas de cursos hacen que todo esté cubierto por raza mayormente aria con bronceados de meses (de lo contrario no lo conseguirían) y pies descalzos.

Como pancho por su playa.
Como pancho por su playa.
Hasta que lo vinieron a molestar.
Hasta que lo vinieron a molestar.

Ah, Koh Tao significa Isla Tortuga, pero todavía no vimos ninguna. No, todavía no buceé con tanque, pero hacer esnórquel desde la costa de las playas hasta el momento alcanzó y sobró. Durante 4 atardeceres seguidos nadé con una pandilla de tiburones de punta negra. No te alarmes: los más grandes no superan el metro sesenta.

De hecho, le tengo más respeto a la tribu de peces ballesta titán que según me han dicho pueden ponerse territoriales y usar sus dientes bastante filosos si se sienten invadidos. Intento distraerme de este peligro acechante buscando rayas de puntos azules en el fondo o viendo cómo los peces aguja atacan estratégicamente a cardúmenes de sardinillas.

Como verás, he vuelto a esto de pasar un tercio del día sumergido en el agua, un tercio ensimismado frente al monitor de la computadora y el último inmerso en alguno de todos los sueños que nunca recuerdo. Esta modalidad es de las que mejores me sienta; en tierra firme me siento productivo: traduciendo o trabajando en las mismas cosas que podría estar trabajando en Rosario. Sobre o bajo el agua, vuelvo a explorar ese mundo submarino que tan ajeno me resulta pero tanto me atrae.

Este es el Nemo no famoso.
Acá vive el Nemo no famoso.
Raya de puntos azules, como pancha por su casa, también.
Raya de puntos azules, como pancha por su casa, también.

Con su colorido, sus extrañas interacciones y simbiosis, los rayos de luz que acuchillan la superficie y dibujan las montañas de coral.

Te pido perdón, tía, si me pongo poético, pero la verdad es que Koh Tao, fuera y dentro del agua, fue una excelente elección para esta nueva Traslación Estacionaria. Más adelante te prometo videos subacuáticos para que entiendas de qué te estoy hablando. Y si te animás, a la vuelta hacemos una visita al acuario.

Ahora sí, contame de vos… ¿a cuánto cerró el Blue?

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