El gran cementerio de París

Sobre el comienzo de una soleada mañana de sábado, caminamos poco más de 15 cuadras desde nuestro departamento en Belleville y damos con su imponente entrada, digna de las figuras que aloja. Miramos el mapa y adivinamos sus avenidas y sus caminitos en cascada, que trazan un esqueleto zigzagueante abarcando siglos y religiones.

Más allá de las rejas, las tumbas deshechas de gente ya olvidada observan a las de otros que no hace mucho acaecieron. El tiempo llega para todos.DSC00724DSC00715

Por la ciudad en la que se encuentra, por la gran cantidad de personajes históricos allí enterrados o tan solo porque es pintoresco, el Cementerio Père Lachaise en París es uno de los más visitados en el mundo. Oscar Wilde, Jim Morrison, Chopin y Edith Piaf son algunos de los nombres destacados con los que uno puede toparse en esta propiedad enrevesada y laberíntica; sin embargo, basta con seguir a los grupos de turistas para llegar a los puntos más populares.

La importancia de tener tu tumba protegida.
La importancia de tener tu tumba protegida.

Le habían dejado una partitura... ¿para que se toque un temita?

Le habían dejado una partitura… ¿para que se toque un temita?

 Victoria me cuenta la trágica historia del pintor Modigliani al cruzarnos con su tumba donde fue enterrado junto a su mujer, que se suicidó tan solo dos días después de haberse convertido en viuda. Me entristece, pero al ratito me alegro al enterarme de que ya no permiten el ritual antihigiénico de imprimir besos rojos sobre la tumba de Wilde. La de Morrison sigue estando bastante escondida y toma una media hora encontrarla entre vericuetos; recuerdo que nunca vi fotos de él con camiseta.

No sé demasiado sobre él para hacer un epígrafe bueno.
No sé demasiado sobre él para hacer un epígrafe bueno.
Aparentemente habría muerto de meningitis; o lo molieron a palos.
Aparentemente habría muerto de meningitis; o lo molieron a palos.

Se acerca el mediodía.

Lucas y yo jugamos a escondernos entre los rincones, guarecidos por la sombra de los árboles. Intentamos asustar a la más pequeña del grupo, que se distrae persiguiendo fantasmas de mariposas y nos ignora. Admira construcciones faraónicas de ilusos que pensaron más en la posteridad que en suspirar por el presente; pobres. Finalmente atraemos su atención al sacar los sándwiches y proponer un almuerzo improvisado.

Bromeo sobre la abundancia de fiambre y nadie ríe. Me siento más vivo que nunca.

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