Disney: ¿La cuarta es la vencida?

De “Malvinas” a Disneyworld – 1998

 Mi romance con la tierra del roedor más famoso del planeta —aunque muchos no lo sepan— se remonta a 1998. En aquel entonces, como muchos gorditos de 13 años, insistía en pensar que el fútbol era algo que más o menos me salía (bué, y como muchos jugadores profesionales). Así que iba a una escuelita local donde me retaban cada vez que iba con medias auriazules y me pasaba más tiempo escupiendo cáscaras de semillitas de girasol en el banco de suplentes que intentando pescar alguna pelota perdida.

Pero como el fútbol es fútbol y por eso es impredecible, la comitiva de “Malvinas” organizó un viaje semideportivo, semiturístico, y probablemente con absolutas intenciones de quedarse con un par de vueltos. El destino principal fue Disneyworld con una breve estadía en la famosa Miami. De ese viaje, mi primero sin familia y por vía aérea, recuerdo poco: lo que arrojan un par de fotos desenfocadas en la era predigital, un pretzel gigante, el paquete de Oreos que vomité sobre las zapatillas después de la montaña rusa, el partido que no me dejaron jugar porque me había agarrado a las piñas con el hijo de Zamora, las remeras rojinegras berretas que el equipo venezolano no quiso intercambiar por las suyas, con razón. Todavía atesoro una ridícula agenda electrónica con 25 KB de memoria que compré en mi escapada del hotel en Miami.

Work, work and travel en Disneyworld – 2005

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Una de esas noches que no son tan “El lugar más feliz de la Tierra”.

 En el 2005 surgió la posibilidad de volver a visitar los parques de atracciones en Florida, aunque en esa oportunidad me tuve que poner guantes y a laburar. Y no los guantes glamorosos de Mickey, sino esos anticorrosivos para que no te quede olor a vinagre cuando limpiás el carrito de popcorn. (Aprovecho para aclarar y responder la pregunta que todos hacen cuando cuento que trabajé en Disney: no, no trabajaba de disfrazarme del mencionado personaje, ni de ningún otro simpático animalito antropomorfizado para la delicia de los niños. Generalmente, el Pato Donald es caracterizado por mujeres pequeñas, de procedencia asiática [vietnamitas, quizá] y con mi estatura solo podría haber hecho el papel de personajes como Tiger, el Capitán Garfio y otros relativamente altos.)

 Junto a otros ochenta y tantos argentinos, un puñado de peruanos e infinitos brasileros, disfrutamos de la explotación laboral consentida que solo puede garantizar un empleador que sí, te hace trabajar la Nochebuena y el Año Nuevo hasta la madrugada, pero también te da acceso gratuito diario a lugares que el resto del mundo paga cientos de dólares para visitar solo unos días. Lo preferí una y otra vez al trabajo de Call Center que dejé en Rosario.

¿Dónde estoy?
¿Dónde estoy?

Después de esos 3 meses de noches de fuegos artificiales y encuentros con Peter Pan y Blancanieves en los túneles secretos de Disney, no pensé que pudiera volver a enfrentar la magia del lugar más feliz de la Tierra. Claramente ninguna visita sería igual.

Disneyland con hermana – 2012

Pero como siempre, el tiempo cura todas las heridas, incluso aquellas infligidas por helados de chocolate con forma de orejas de ratón y patas de pavo. Así que en 2012 los viajes me volvieron a depositar en propiedad de Walter, esta vez en Disneyland, el primero de todos los Disney, el original. Pasear por este parque con mi hermana, que a falta de haber podido festejar sus primeros quince según la tradición aprovechaba para festejar sus segundos quince, fue un déjà vu pero de esos que no se sienten tan raros. ¿Supongo que el calor de Anaheim en California no es exactamente igual al de Kissimmee en Florida?

Fue un viaje muy divertido, más que nada porque el ambiente afloró la niñez de mi hermana mayor. Que convengamos no cuesta demasiado.

Foto obligada en Disneyland.
Foto obligada en Disneyland.

Disneyworld con rugbiers y fernet – 2013

¿Y ahora por qué voy de NUEVO a Disneyworld?

Primero, porque resulta que debo encontrarme estratégicamente en la zona por motivos laborales. Segundo, porque aprovecho la primera razón para cumplirle el sueño a dos rugbiers y a un adolescente, todos fanáticos de los adorables personajes de Disney. Bueno, quizá la segunda razón no sea completamente creíble. Pero estoy casi seguro de que mi hermano de 24 se va a emocionar cuando vea a un tipo disfrazado de Pluto, cagándose de calor y rodeado de pendejos; atropellará a quien sea se interponga en su camino y le dará un abrazo fuerte. Como para dejarlo inconsciente y acabar con su miserable existencia.

El de 23 creo que planea ponerse a vender fernet con coca en la puerta del castillo de Magic Kingdom, sino no entiendo su insistencia en llevar una caja de Branca. Le recomendaré ubicarse más cerca de la Mansión Embrujada, que está más oscurito y es más propicio para tal actividad comercial.

El de 15 es nuestro caballito de batalla. ¿Quién puede negarnos que es él la razón principal para que otros 3 boludos grandes se suban a la calesita de Dumbo o se sienten a tomar el té en la casita de Minnie? Lo hacemos más que nada para cumplir su sueño. Si no es ese, por las dudas le prometí que en algún momento pasábamos por un negocio de videojuegos.

Y prometo que es la última vez que voy a Disney…

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4 comentarios

  1. a uno de esos ochentaypico de argentinos que viajo con vos leyó y disfrutó!! y espera que no sea cierto lo que decís y vuelvas a Disney… porque nunca es suficiente, y lo sabes!!!!!

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