El jamaiquino y la raya

Ojalá pudiera inventar estos encuentros, con estos personajes y sus historias. Sería un buen escritor. Sería escritor. Como soy incapaz de tal cosa, viajo, cosa que me lleva a los lugares más impredecibles y me veo involucrado en las situaciones más improbables. Después vengo acá y trato de describir lo que sucedió de la manera menos torpe posible.

Ya había recorrido los tablones del famoso muelle de Santa Mónica, en Los Ángeles, hace poco menos de un año; solo, y luego con la inestimable compañía de mi hermana, en aquel entonces con aún 29 Colectividades en su haber. No por eso, estando tan cerca, iba a dejar de repetir la caminata turística casi obligada que lleva al punto final de la ruta 66, justo chocando con el Pacífico.

Esta vez sin novedades y bastante cansado por un fin de semana atípico, no esperaba demasiado del paseo; zigzagueé con inercia por entre la gente atiborrada de bocadillos dañinos para el colesterol, el sol ya bien escondido en el horizonte. Otro domingo típico de junio en la ciudad que todos piensan que es la capital de California.

A unos 25 metros del final del muelle, me paré y pensé en dar la vuelta. “Mañana te vas de acá, caminá 30 segundos más, mirás el mar y te vas”. Fue un comentario interno convincente y decidí hacerle caso.

No pude prestar mucha atención a las olas oscuras porque me distrajo un grupo de pescadores, emocionados. Parece que habían pescado algo, literalmente, como casi nunca sucede cuando uso esta frase.

Minutos después de forcejeo y maniobras, descubrimos que se trataba de una pequeña raya murciélago. La pobre aleteaba en vano sobre la madera, pidiendo misericordia, como el que reclama un penal a los 48 del segundo tiempo. El pescador, mexicano y ducho en el tema, había decidido liberarla, pues su tamaño no era apto para el consumo familiar. Pensé que quizá, a la milanesa y con una porción de papas grandes zafaba, pero no me animé a decir nada.

Intentaron sacarle el anzuelo pero la muy glotona se lo había mandado hasta el fondo y no hubo caso. Carmesí. Las entrañas exudando de lo que estimé sería su estómago salieron y ese fue su lamentable final. Mientras otra raya bebé moría, me percaté de que al grupo se había sumado alguien más. Este exclamó que no podría matar a un animal de esa manera, que a él lo dejasen comer solo unas verduritas, un tomate.

Azabache él. Bah, negro. Jamaiquino. Naturalmente, como la conversación con cualquier jamaiquino, la conversación mutó a cómo se mataba a otros animales, gallinas, vacas, sapos para la elaboración del sushi en Japón. Porque sí, naturalmente Stefhen vivía en tierras niponas y manejaba el idioma a la perfección.

Pensé que era otro de los tantos locos sueltos en la zona y empecé a dar la vuelta para pedirme algo con papas grandes, lejos del muelle. “Escuchalo un toque más, capaz es verdad lo que está diciendo”. Si bien este comentario no fue tan convincente, me quedé.

Resulta que este tipo no está nada más paveando viendo cómo matan animales inocentes en puntos de interés. Es escritor y está de gira por EE. UU. promocionando su libro. Claro que sí: es un libro de memorias eróticas en el que cuenta sus experiencias amatorias como extranjero en el Japón. En serio.

Él preferiría estar ya de vuelta en su casa (Kobe, Japón) con su familia. Kobe es famosa por la carne vacuna premium; las vacas allí supuestamente son alimentadas con cerveza y reciben masajes diarios. Conozco muchos que reciben ese tratamiento y no por eso son una delicatessen. Volviendo a Stefhen, su problema es que no se puede ir porque “la gente de Tom Hanks” leyó su libro y le propusieron hacer una obra basada en el libro, en todo Estados Unidos. Así que tiene eso entre manos. Ah, y hace un tiempo que quiere traducir su novela al español, viste, porque es un idioma re copado y que todos hablan.

Así que le dije que yo era traductor y que no sabía nada ni de mujeres ni de Japón. Pero que le podía poner onda, que es lo que siempre hago cuando voy a Japón.

Me dijeron que van a poner un Samba y un Gusano Loco el año que viene.
Me dijeron que van a poner un Samba y un Gusano Loco el año que viene.
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