Todos los caminos llevan al mar

Mis viajes son —tal como caprichosamente lo demuestran las evidencias— muy parecidos a la geografía de mi último destino*. Sus calles se cruzan entre sí con poca elegancia pero la suficiente saña como para angustiar a los forasteros. No se respira turismo tradicional ni se adivinan paraísos cercanos. Es, digamos, una elección aparentemente extraña cuando se la mira de reojo un viernes casi a la medianoche, en lo que ni siquiera llega a ser una parada de colectivo.

Pero. Arraial do Cabo te engaña con buen amague. Ves unas casitas blancas iluminadas sobre la colina, mas no escuchás ningún rugir de agua, ni se te sala la lengua al respirar por la boca. ¿Para dónde carajo está la playa?

Callejón marino sin salida.
Callejón marino sin salida.

Para cualquier lado. En esta ciudad no importa el camino que tomes: siempre terminás a orillas de un mar. Si es el mismo mar o las mismas orillas no te lo puedo asegurar porque sería ya cuestión de embarcarse en debates filosóficos interminables, estúpidos. Pero es así.

La primera vez con vilo, está para caminar donde pinte. Y en 20 minutos llegaste a la playa principal, dictada esta conclusión por todos los barcos que flotan y todas las gaviotas que hacen lo mismo esperando alguna carnada perdida. Praia dos Anjos no es la que te llama a una corrida y chapuzón. Izquierda y, obviamente, hay un morro que esconderá otra. Esta sí que estaba buena; Praia do Forno no tiene nada que envidiarle a las de Ilha Grande; de hecho, si se cruza en un boliche con alguna ni les dirige la mirada.

Praia do Forno se junta más con sus vecinas también cristalinas, las hermanas Prainhas, mientras me doy cuenta que esto de personalizar todo lo que se me pone en el camino se está volviendo una mala costumbre para no hacerme cargo de lo que escribo. Y también me olvido de la analogía principal de este artículo, pensando en cómo lucirían tres playas arrogantes tomando sol platinadas de arena en, supongo, ¿una playa metafórica?

Prainhas en Arraial do Cabo.
Prainhas en Arraial do Cabo.

Todos mis viajes desembocan en un mar. Eso quería decir. Y últimamente todas mis tardes en un Açaí de 400 ml porque necesito la energía. Tomar fuerzas para irme de estos hermosos lugares que todos juntos son Brasil y para convencerme de que sí estoy hablando portugués ya y no soy un chanta.

Y ahora me voy a bucear. Chau.

*Antes de que venga un lector más forro que yo (si es que existe) voy a tener que desglosar esta comparación que en realidad se me fue al reverendo demonio: Arraial do Cabo entonces serían mis viajes, las playas serían las playas de mis viajes, el mar el mar, las calles los traslados, los forasteros la comunidad de Testigos de Jehová que no sabe dónde encontrarme para ofrecerme folletos de redención y la colina de casitas blancas iluminadas es…

Burbuja de poder para todos los que me conocen.
Burbuja de poder para todos los que me conocen.
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6 comentarios

  1. Por lo que veo en las fotos, las playas que visitaste son cualquier cosa menos una metáfora. Y dicho sea de paso, no me quedó muy claro lo de la metáfora, pero ya me explicarás…

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