El secreto de Ilha Grande (parte I)

Cerca de un año atrás escribí —desde Centroamérica— un artículo en el que documentaba analogías de ese viaje con los tantos juegos de Aventura gráfica que poblaron mis tardes de niñez frente a monitores de tubo. Poco imaginé que contaría con una nueva peripecia tan pronto para alimentar mi espíritu 2D y el del algún que otro aficionado entre los lectores.

La trama de esta aventura comienza también en lo profundo de una isla. Si bien geográficamente se ubica más al sur que los tradicionales relatos de piratas, tesoros de galeones hundidos, misterios fantásticos en selvas frondosas, calaveras encantadas y demases, Ilha Grande bien podría haber sido la isla de Crusoe o Guybrush y Largo LaGrande. Con imponentes morros y playas aisladas que impiden la visita de tibios turistas, supusimos con Lucas que este gran pedazo de tierra ofrecía más que un par de tiendas de imanes y camisetas, y la famosa Lopes Mendes.

Así fue que se empezó a gestar un viernes la ambiciosa expedición a pie por los confines de la isla. El grupo estaría conformado por un curtido acampador, con gajes de marinero, sangre de astillero y el ingenio politécnico; y un tipo con menos experiencia en la vida a la intemperie que albino en región tropical. Imaginen cuál de los dos soy yo.

El punto de partida fue la Vila do Abraão, el poblado principal y turístico de la isla donde vivimos. Con paradas tentativas ya bocetadas, el destino final se plantó en Aventureiro: una pequeña playa semiconocida en el otro extremo de la isla, con mar abierto al océano y afín a surfistas y amantes de la soledad y el viento con sal que te cachetea al atardecer.

Día 1: Abraão a Parnaioca, vía Dois Rios

 La mañana abrió su cúpula celeste y las puertas a un desayuno más temprano que de costumbre. Lucas, con su habitual y fervoroso hambre matutino, lideró el ataque al café con leche, la taza de Nescau con cereales, la ración de frutas y tortas con baño de coco. Intenté seguir su paso en la retaguardia con la mitad de la ingesta; el desayuno es la única comida en la que mi estómago es medio tímido, incluso antes de travesías como la que vendría.

Las primeras horas de caminata fueron por tierra conocida y sin mayores esfuerzos. Una calle ancha, probablemente construida en los tiempos del antiguo presidio, conecta la ciudad con la Praia de Dois Rios. Y también fue allí la primera parada técnica para refrescar y mantener el ánimo de la comunidad. En la ribera del segundo río hallamos sombras donde probar las ciruelas cuya ausencia alivianarían la carga de las mochilas y ramas al sol para que el sudor de las camisetas desapareciera, al menos por un rato.

En Dois Rios: excursionista de manual, con sombrero, mochila, palo de asistencia y la energía de un asno.
En Dois Rios: excursionista de manual, con sombrero, mochila, palo de asistencia y la energía de un asno.

La hora estipulada para el descanso en el agua dulce y fría se desvaneció como lo harían las 3 horas siguientes. Era pasado el mediodía cuando nos adentramos en la segunda trilha, camino a Parnaioca.

Nuevamente, a los pocos minutos, mi rostro perlado de transpiración esgrimía muecas de cansancio, intentando enviar energía a músculos desprevenidos, a articulaciones sorprendidas por este trabajo tan atípico de un cuerpo otrora sedentario. El último tramo de subidas y bajadas con raíces enrevesadas y plantas pinchudas nos trasladó a un trance hipnótico. Ansiosos por llegar al final, por escuchar algún romper de olas, pusimos una y otra vez un pie delante del otro, arriba o abajo, mecánicamente. Fuimos los remeros esclavos de un barco al África negra o los sufridos tripulantes en la caldera de un transoceánico al séptimo infierno. Más o menos llegamos en dos horas y media. Así que quizá el yo relator exagere, un poco.

De las frutas que da miedo probar.
De las frutas que da miedo probar.
Hasta Lucas es nimio frente a estos cañaverales.
Hasta Lucas es nimio frente a estos cañaverales.

Parnaioca es el lugar donde, si yo fuera cangrejo, iría a reflexionar sobre mi propia inmortalidad.

Sus 1000 metros de playa son el patio escolar de bandadas de aves: gaviotas, urubúes y garzas se disputan el espacio aéreo en vuelos acuarela. Minúsculas moscas transparentes saltan entre los granos de arena; los granos de arena no hacen nada. Ya demasiado hicieron miles y miles de años atrás como para tener que preocuparse por lo que piense el resto.

A la única que le importó que hubieran llegado dos tipos con palos y aspecto deplorable fue a Janete, la encargada del camping. Nos ofreció amablemente un cuarto, un segundo colchón, toallas y la tranquilidad de saber que el senderismo había concluido por el día.

Con lo poco que nos queda de energía, salimos de la ropa aventurera y entramos en la ropa de veraneo para chapotear en el agua y en la luz del atardecer. Sé que camino como un anciano por las ampollas en los pies y otras dolencias indescriptibles. La playa está desierta en toda su extensión; el horizonte replica morros a lo lejos, en escalas de grises. Intento seguirle al ritmo a Lucas camino al final de Parnaioca, máscara y esnórquel. Su nuca es tan expresiva como siempre que quedo detrás.

“Esta isla nos pertenece”, creo que pensamos al mismo tiempo.

Atardecer en Parnaioca.
Atardecer en Parnaioca.
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4 comentarios

  1. Tarde lluviosa y de mucho frío en Queenstown, ya translacionando hacia el final de nuestra aventura, pero entre sonrisa y sonrisa, casi amago a secarme la transpiración con este relato!

    Pd. Pintále una carita a la nuca de Lucas!

  2. Hola! Queria preguntarte si en la playa de parnaioca se puede pasar la noche en alguna habitación. Vos mencionas a una tal janete que te recibió ahi…
    Por otra parte voy a pasar unos dias en aventureiro y pensaba ir hasta parnaioca, podras contarme un poco más sobre el camino? Gracias!

    • Hola, Jesica!

      Sí, al menos en aquel entonces (2013) había una posada donde podés pasar la noche en una habitación normal o acampar afuera (te alquilan la carpa). Con respecto a ir desde Aventureiro hasta Parnaioca, depende. En realidad, ese tramo (sin importar la dirección) está protegido como reserva natural y no hay una trilha o camino oficial, pero nosotros igualmente lo hicimos desde Parnaioca hasta Aventureiro (4-5 horas caminando). El problema es que en temporada alta hay guardaparques recorriendo la zona y asegurándose de que nadie camine por ahí…

      Sería cuestión de ir hasta Parnaioca y averiguar con la gente de ahí en qué horario conviene y si todavía se puede hacer.

      ¡Suerte!

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