El vuelo que no fue

Hace como 2 meses se me había roto el último par de ojotas; al mismo tiempo que había vuelto a casa; bastante lejos de cualquier arena caliente. Así que todo indicaba que era momento de quedarse un tiempo clasificando las monedas extranjeras que había recolectado, alisando billetes guatemaltecos y dándome cuenta de que Rosario no acusaría mucho recibo de mi retorno.

Las primeras semanas —críticas— pasaron, con sus fiestas sorpresa, sus reuniones de bienvenida, sus infinitas preguntas sobre mi nuevo destino. No me cansé de repetir que por ahora no me voy a ningún lado, que la idea es ser uno más de los que no sienten tanto la inflación, que la idea es plantar bandera sobre bandera un rato. Tampoco me cansé tanto de pensar en porqué todo el mundo quiere que uno viaje por el mundo, si en realidad los que quieren viajar son ellos. No me cansé porque los entiendo. Pero como siempre, o al menos eso creo, hago lo que quiero.

Hace un mes decidí guardar en uno de los últimos cajones los 100 viajes que quiero hacer y sacar otras cosas. Me volví uno más en la ciudad que todos odian en esta fechas; me vestí de una rutina carente de postales y nuevos amigos. Y lo hice con ganas.

Y hace dos semanas esas ganas se tradujeron en una nueva mascota, que se tradujo en un pichón de lorito, casi tan chiquito que ni parecía. No era playas paradisíacas, ni lugares nuevos, ni aventuras. Era la compañía perfecta para el freelancer que no habla con nadie por horas. Y de algún lado ese freelancer egoísta sacó un instinto paternal, para darle de comer en la boca, para ponerse contento con las primeras plumas que atisbaban la belleza que nadie le dio de bebé.

Era un impasse de la traslación estacionaria, verde, amarillo y de frente azul. Pero no fue.

Inesperada e inexplicablemente hoy Jorge murió. Murió sin que siquiera muchos lo conocieran y me dijeran lo mucho que se parece a mí. Murió sin las plumas que lo definen, sin silbar ninguna melodía ajena.

¿Hay algo más triste que morir sin haber volado?

Morir sin saber que uno podría haber volado.

Gracias, Jorge; pero más que nada perdón.
Gracias, Jorge; pero más que nada perdón.
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2 comentarios

  1. TODO ES RE TRISTE, PERO NO TENES QUE PEDIRLE PERDON PORQUE VOS LO COBIJASTE, LE DISTE MAS QUE COMIDA Y AGUA.
    LE DISTE AMOR.
    No digo mas que, “entiendo tu pérdidar”

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