A dónde viaja mi mente cuando no viajo

Es difícil viajar y de repente ya no viajar. Es como bajarse de la calesita y darse cuenta de que el tipo con la sortija es tan solo un tipo: ordinario y vulnerable. Su humanidad frágil se había agigantado con tanta vuelta, con tanto caballito, con tanto elefante rosado. Pero ya no. Y mientras me voy alejando de esa musiquita encantadora y del aroma a algodones de azúcar, no cabe otro pensamiento que el de evocar aquella gira, de hace instantes, donde evoqué otras giras y otras calesitas.

Así que, cuando me quedo quieto y todos los bolsos ya están escondidos donde no puedo verlos, revivo viajes. Escenas que sobresalen como rompecabezas de tres dimensiones en tiendas chinas.

Camino por Pellegrini esquivando calores y personas que sospecho saben que recién llegué, y el auto que casi me arrolla me lleva a esa luna imposiblemente llena que bañaba previsiblemente la noche que me despedí del Caribe. Saco la basura a media tarde, pero en realidad estoy deambulando por un pueblo fantasma del invierno uruguayo, años y vidas atrás. Y estoy casi seguro de que este sol es el mismo que el que casi me parte el cráneo insolado en esas extrañas islas del Mediterráneo.

El parque Urquiza es alguno de Londres pero un poco más sucio; las fuentes, la que quiero de Roma. Pero tengo monedas de tantos lados que ni sé cuáles tirar; tan pocos deseos que no quiero desperdiciarlos. Todos hablan en español, o en húngaro, que es casi lo mismo. Mi cabeza intenta aferrar sus pies a la tierra por un rato, pero los que no querían que vuelva ahora me preguntan cuándo me vuelvo a ir.

Hungría.

¿Por qué no puedo dejar de viajar? Será que partes de mí aún están en la Aduana por exceso de equipaje. Será que tanto viajar me despedazó. Mentes en almohadas perdidas por alguna tormenta tropical, cabezas navegando mares lejanos, almas pidiendo limosnas en iglesias a las que no pienso entrar.

El cuerpo, acá. Creo.

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4 comentarios

  1. Me causó mucha gracia esta oración: “Será que partes de mí aún están en la Aduana por exceso de equipaje.” Si habrás tirado zapatillas para que no te cobren demás, ¿eh?

  2. Yo dejé en el camino una copia de “In Cold Blood” en el sudeste asiático… me arrepentí mucho al darme cuenta de que British permitía 10 kg más que el resto de las aerolíneas en ese momento… nunca más logré recuperar una copia similar a esa.

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