El Gran Garrón del Colorado

Es solo estadounidensemente lógico que si arrancás un tour en colectivo con destino final a 450 kilómetros, a una de las maravillas naturales del mundo, la programación sea la siguiente:

5:00 a. m.: Despertarse, más que madrugadoramente, porque en breve nos buscarán en el lujoso colectivo.

5:35 a. m.: Darte cuenta de que el tuyo es el primero de los 17 hoteles donde buscarán gente y dormir en el colectivo ansiando que empiece la parte buena.

6:00 a. m.: Despertarse llegando a un galpón donde una mujer extasiada empieza a alinear cual ganado a vos, a tu hermana y al resto de los monos de otros 7 colectivos para explicar el tour (¿por qué tienen que repetir todo mil veces, eh? Vamos al Gran Cañón y punto. Creo que nos vamos a dar cuenta.) y darnos un delicioso desayuno.

6:20 a. m.: Confirmar el poder de marketing y mentira que tienen los yankees. Café mediocre, galleta danesa a lo Kent Brockman pero de mala calidad y juguito en botellita.

7:00 a. m.: Creer que ya arranca el tour pero estar equivocado.

7:15 a. m.: Estar arriba del colectivo. Reconocer lo inútil que fue despertarse 2 horas antes.

8:00 a. m.: Todo bien con la represa y con Hoover, pero, ¿podemos meterle pata para lo que nos importa?

10:00 a. m.: Ya desayunamos “opulentamente”. Paramos en Kingman, Arizona, para “esnaquear” algo de camino en un Mc Donald’s. No existe conector para las dos oraciones anteriores. Forros.

1:00 p. m.: Se escuchan los tambores y la emoción crece en nuestros pechos, estamos llegando a Tusayan, al centro de la National Geographic, a solo 2 kilómetros del majestuoso agujero de Dios. Estoy seguro que la anciana a dos asientos está lagrimeando.

2:30 p. m.: Seguimos en Tusayan. ¿Qué pasó en esta hora y media? Eventos puramente necesarios que incluyen almorzar comida china que parece que la dejaron al sol en el desierto y, sí, sí, lean esto: mirar una película sobre el Gran Cañón a 3 minutos del Gran Cañón.

2:45 p. m.: Finalmente el colectivo llega al Gran Cañón y a la primera parada de senderismo y observación, Mather’s Point. Nuestras bocas quedan abiertas durante el transcurso de la siguiente hora. El índice derecho fotográfico se ejercita ampliamente sabiendo que el tiempo es reducido.

¡Llegamos!
Vista infinita del Gran Cañón del Colorado (Arizona).

3:50  p. m.: ¿Por qué es reducido? Es obvio, porque todavía tenemos que ver una parada más, pero parece ser más importante estar seguros de tener tiempo para gastar en la cena que tendremos en Kingman, Arizona, de regreso. Me da miedo calcular el tiempo que estuvimos en ese Mc Donald’s porque la comparación con el tiempo en el cañón sin duda será cruel.

4:00 p. m.: También había que contabilizar esos 10 minutos de retraso que tuvo el conductor antes de llevarnos a la última parada antes de la vuelta: Bright Angel Point.

4:45 p. m.: No hubo que ser muy listo ni muy angelical para comprender que solo nos llevaron ahí para que compremos boludeces sobre el Gran Cañón, porque la vista había sido mejor en el punto anterior.

¿Por qué carajo en cualquier tienda de regalos venden rocas brillantes imantadas? ¿Es algo universal?

5:00 p. m.: Extenuados por la jornada fisiológicamente estacionaria pero cansadora no solo por la ansiedad que generó todo el programa anterior sino por el incesante e irrelevante relato microfonado del conductor, empezamos la vuelta.

7:30 p. m.: Cena en Kingman, Arizona. Empiezo a querer el lugar y lo voy a extrañar.

10:00 p. m.: Estamos en Las Vegas. No muy lejos vemos la aguja del Stratosphere, nuestro hotel. Qué ilusos somos al pensar que pronto estaremos allí.

10:10 p. m.: Después del “necesario” cambio de chófer por leyes laborales, arranca la repartida de los “satisfechos” participantes del tour. Nuestro hotel será el último. Odiamos más ahora a Celine Dion, Elton John y David Copperfield. Sus carteles nos persiguen.

12:00 a. m.: Miro al cielo y con los ojos en ardor agradezco estar en casa. Nos abrazaríamos con mi hermana pero el calor es insoportable. En la noche de las calles de esta ciudad somos como esos dos condenados que mandan a buscar víveres en las películas de zombies. Hay que moverse rápido para sobrevivir.

La jornada ha llegado a su fin. Coincidimos en lo fascinante que es el Gran Cañón y en el Gran Error que fue hacerlo con este maldito tour. Sin embargo, me acobardaba manejar después de tanto tiempo y en rutas desconocidas; la experiencia automovilística de mi hermana solo consta de un par de tardes de domingo en los autitos chocadores del Parque Independencia entre 1989 y 1993.

Entonces nos consuela pensar que era una de las únicas alternativas.

Es muy probable que los tours con otras compañías sean similares en su ridícula programación. El que venga —por favor— alquile un auto y hágalo por su cuenta. Pueden parar en Kingman si se entusiasmaron por mi descripción del lugar, pero al menos así no van a tener que aguantar a una de las personas más detestables que conocí.

Jeff, conductor y guía turístico de Airbridge Tours. Nacido en Hawaii y con novia que trabaja en el hotel Bellagio de la misma Vegas. Simpatizante de los Lakers. ¿Por qué sé esto?

Porque Jeff debe ser un orador y artista fracasado y no soporta no ser el centro de atención durante un viaje de 15 horas. No le alcanza con llevarnos a todos a conocer un lugar increíble y que cada uno saque sus conclusiones y disfrute del paisaje, imaginando el canto de mirlos, o no. Necesita darnos datos insignificantes y no relacionados de manera ininterrumpida, como fechas de inauguración de hoteles, fechas de demolición de los mismos, todas las rutas posibles para cruzar a Arizona y el origen de ese ventriloquista que esta noche se presenta en uno de los hoteles de la calle principal.

Jeff no te deja hablar con tu compañero de viaje si él está comentando las variedades de cactus que se pueden encontrar en el desierto. Es una falta de respeto que interrumpas su enumeración de todas las especies de serpientes de cascabel para pedirle por favor que nos deje descansar.

“¿Propina querés? Acercate un poquito más”.

También es ese conductor que en realidad es un maldito interesado en tu dinero, como todos. Así que sobre el final del viaje, cuando ya la mitad del colectivo se lo montó en un huevo y la otra mitad no porque no tienen, introduce el tema “Propinas acordes en Las Vegas”, como quien no quiere la cosa pero no le sale. Y es ese tipo de tipos que inventa una excusa idiota para pasearse por todos los asientos con un gorrito a ver si liga.

Dejame que te diga algo Jeff: Los pasajeros del piso de abajo somos tipos de pasajeros que quizá —quizá— te hubiéramos tirado unas lempiras, unos quetzales, si al menos te hubieras callado la boca por 5 minutos.

Mala suerte.

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13 comentarios

  1. Jeff, conductor y guía turístico de Airbridge Tours. Nacido en Hawaii y con novia que trabaja en el hotel Bellagio de la misma Vegas. Simpatizante de los Lakers. ¿Por qué sé esto?//Genial, ajajajajajajjajajaj, pobreeeeeeee
    Creo que odiaría a Jeff tanto como vos en ese momento, pero pensá que seguís tu camino (freelanceando feliz), y él tiene “eso” como trabajo, debe repetir lo mismo every f***ing day y realmente debe odiar su vida… Ese poquito de poder de no dejarte hablar con tu compañero mientras él habla de cascabeles, qué querésssssssss ajajajajajajajaj Conclusión: Pobre, Jeff, pobre

  2. Las sonrisas se convierten en carcajadas a medida que leo el relato. Las carcajadas interrumpen la lectura cuando llego a la última foto. Buenísimo!!!

  3. Bahahaha! Your faces in that last photo say it all. I can’t believe you did that! Still, I haven’t ever been to the Grand Canyon but I suppose it’s something you can cross off of your list. So, kudos for getting there! Rent a car, it’ll be a breeeeeze!

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