Mis paradas gastronómicas favoritas en Playa del Carmen

Coffee Stop

–¿Lo conocés al “Ossie” Ardiles?— Le pregunté mientras terminaba de revolver el café. Mientras esperaba la respuesta típicamente aletargada de aquel que no domina el idioma pero se esfuerza por no sonar tan estúpido fuera de su lengua materna, mis ojos sobrevolaron la vitrina de la pastelería. Un trozo de torta de zanahoria glaseado, un brownie o la infaltable galleta con chispitas de chocolate serían un aditamento ideal para acompañar ese café lluvioso y las horas restantes de trabajo.

Pero, casi inmediatamente, mi estómago gruñó para recordarme que aún no estaba completamente recuperado de “ese trago de agua ‘bacteriológicamente pura’ en los baños de Chichén Itzá”, que había desencadenado “La furia de Kukulcán”. Quizá otro día.

–¡Claro que sí! Excelente jugador. Pero me gustaba más Ricardo Villa–.

Asentí un par de veces sin decir nada, como suelo hacer cuando quiero disimular mi ignorancia.  Di conclusión al intercambio y procedí a retirarme con mi bebida, de uno de mis lugares favoritos de Playa del Carmen.

Esta pequeña cafetería, por si no es evidente, pertenece a un amable inglés que se vino a vivir a México hace varios años. Está ubicada a la vuelta de mi casa, sobre la calle 10 y av. 10. Un café con leche grande cuesta 29 pesos mexicanos.

Café Sasta

Si quiero ver un poco más de gente y no me molesta gastar 7 pesos más, en lugar de doblar  a la derecha en calle 10, doblo a la izquierda, llego a la quinta avenida y doblo a la derecha. A mitad de cuadra, un coqueto local me invita con su aroma terroso (mentira, pero suena re bien) a degustar sus infusiones. Esta cafetería mexicana es atendida exclusivamente por mujeres de la zona; dato fácilmente verificable por la corta estatura promedio que comparten y su amabilidad. El café es muy bueno, pero si tu lengua es sensible, recomiendo pedir un corte con leche natural para no quemarte.

Kiwi y El Chusco

No es especialmente una parada saludable sentarme a comer en alguno de estos dos lugares, pero sin duda comerse unas buenas fajitas de pollo es una caricia mexicana al corazón. Trato de equilibrar mis visitas entre los dos locales, para no herir la susceptibilidad de ninguno de sus empleados. Y para “variar” mi alimentación, claro está. El costo promedio de una cena abundante con bebida es de 60 pesos mexicanos; esta atractiva franja gastronómica para el bolsillo del caballero se encuentra sobre av. 10, entre calle 10 y calle 8.

Franja Gastronómica: Y cuando no quiero nada mexicano, al ladito la porción de pizza de pepperoni está 15 pé.

Tacos árabes “Kebab”

Este lugar es mi favorito entre los favoritos. Es donde el Chavo y Bin Laden se juntarían a comer si eso tuviera algún sentido. Lo mejor de los dos mundos. El resultado de este lugar manejado por mexicanos de Puebla es un platillo mitad taco, mitad kebab, mitad torta árabe, con la deliciosa salsa blanca del kebab.

Para colmo, pidas lo que pidas, los muchachos te traen una bandejita con totopos y salsas, así, de onda (cuidado con la compoterita de cebolla, que está rociada con habanero). Un taco y una torta árabe, más un agua o refresco por solo 46 pesos mexicanos.

Este pedacito de Islam picante está ubicado sobre la calle 8 entre av. 15 y av 20.

 Sushi-Tlán

El termo con agua para el mate no forma parte de la cena.

Siempre uno quiere comer sushi. Bueno, mentira; hace un año y pico, ponele. Pero sentís que es comida sana y te sentís un dandy, aunque no sepas usar los palitos y no haya regla nemotécnica que te permita identificar nombre de sushi con pieza de sushi.

Los martes y jueves te podés apersonar con un amigo a la sucursal de av. 30 y calle 22 porque hay 2 × 1. Sí, dos por uno en sushi. Y con menos de 70 pesos mexicanos cada uno comparten 20 piezas. Una ganga.

La Parrilla de Manolo

Para concluir este recorrido gourmet en la ciudad donde la gente que vende pizza nunca duerme, no puedo dejar de mencionar este restaurante, también sobre calle 8, pero entre av. 15 y av. 10. Su concepto de menú del día para el almuerzo me trae de regreso a la memorable “hamburguesa Castelar” de “La Sede” con la compañía de más memorables amigos.

Una entrada de ensalada o tarta de jamón y queso, seguida de un plato elaborado, con bebida incluida: 70 pesos mexicanos. Especialmente recomendado si extrañás el chimichurri y siempre fue tu sueño vertérselo sin miramientos a un plato de albóndigas con puré; total nadie sabe que eso nadie lo hace en Argentina.

Me voy porque me agarró hambre.

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5 comentarios

  1. como me hiciste reir con la tormenta que te azotó el estómago.
    sos un escritor de aquellos.
    quen estuvo alli sabe de lpo que hablas en cuestion de comidas,jajaja

  2. Totalmente de acuerdo con mi tocaya; siempre te las arreglás para dibujarme una sonrisa, aunque para ser sincera, escribís mejor de lo que dibujás 🙂
    Falta un artículo sobre postres!

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