En busca del Santo Grial Inmobiliario

No existe tal cosa para mí. Estoy seguro.

Porque, claro, no estamos hablando de un acamaronado gringo que arriba con su progenie, su mujer coqueta y sus dólares dulces que tan ávidamente serán recibidos por la población quintanarroense.

Ese tipo y su familia encuentran un plácido condominio frente al mar, por 15, 20 días o un mes antes de pisar la 5ta avenida. Pueden optar por alguna calle ruidosa pero muy bien ubicada, a metros del barcito más elegante donde ingerir comida estadounidense y apostar al hockey, mientras algún guitarrista relativamente afinado canta esa que saben todos, en inglés.

O pueden irse un poco más lejos, sobre el final de Playa Mamitas, donde empiezan las calles de tierra, pero las construcciones suntuosas disimulan la incipiencia del lugar. Total no tienen que caminar; con un taxi están en cualquier lado en un santiamén.

Pero yo, yo solo soy un pedazo de atmósfera, y, por más que me gustaría, no puedo darme el lujo de pagar 1000 dólares semanales por una linda vista a la playa. Así que tuve que patear.

Sudor y reencuentro con las cabinas telefónicas

Nunca se entiende lo que dicen los mexicanos por teléfono; y siempre hay un némesis invisible que alquiló el departamento de tus sueños 5 minutos antes de que llamaras.

Y caminás, frustrado, como un boludo, hacia zonas en las que ya sabés que no vivirías, pero se agotan las opciones y nada te convence.

Los viables te dicen “hasta el 1.º de marzo se desocupa” (que, contra todas las reglas gramaticales, acá significa “se desocupa el 1.º de marzo”) y por ahí entrás a alguno que con suerte tiene inodoro. No encontrás el punto gris.

Encima, una noche en la que estás cansado casi como en todas las otras, te encontrás con la sorpresa de una demasiado amigable fiesta en tu pieza que armaron 7 porteños con sus 5 amigas santafesinas. Un 20% del grupo está cómodamente sentado en tu cama. De ese 20%, el 50% incluso se tapa con tus sábanas.

Por alguna razón, te sentís medio amargo por poner mala cara y decir que te querés ir a dormir. Hacés un esfuerzo y los mandás a la re puta madre que los re parió cuando ves que encima te rompieron un adaptador de enchufe. Se enojan, claro.

Los días pasan y algunas posibilidades van tomando forma; la ansiedad va tomando forma de cenote (se profundiza, ¿ponele?) porque ya los 3 sillones del Starbucks no te resultan tan satisfactorios para trabajar. Hasta un día te puede pasar que NO haya café en Starbucks. Sí. Pero le ponés onda.

Y un día 23 de febrero, casualmente el día que hace 3 años partías a otro continente solo porque disfrutás de caminar buscando lugares para vivir en ciudades desconocidas, te mudás.

Mi casa

Bueno, no sé si la llamaría casa. Es un lugar privado, donde solo estoy yo. Está en una especie de vecindad, aunque no tan similar a la del famoso programa oriundo de acá, lamento decirlo. Podría decirse que es algo así como un monoambiente, aunque les dicen “estudios”. Una habitación con cama, placard, mesa con dos sillas, mesada de cocina con canilla y cocina eléctrica. Ah, también hay una pequeña heladera que ya fue prontamente abastecida con algunas cosas que quise probar y no me gustaron. El baño es chico, pero me alegro de ya no tener que bañarme con ojotas temiendo pisar fluidos ajenos.

Como desventaja, debo decir que si pudiera pagar un extra para que entrara algo de luz solar, lo haría. Con un poco de suerte, en unos días se desocupa un estudio similar pero en la parte delantera de la vecindad, y ya estoy tramitando irme a ese lugar para poder efectivizar mi fotosíntesis.

En breve, si los dioses Mayas me acompañan (adquisición de cámara en curso), subiré algunas fotos del estudio y de alguna que otra playa, para echar por tierra las infundadas acusaciones de que en realidad me encuentro atrincherado en un búnker lindante a la zona de Gdero. Baigorria.

Llamado a la reflexión: ¿Por qué caminamos por la calle cuando estamos de vacaciones?

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7 comentarios

  1. Habría que traer a la vida cotidiana algunas actividades que tanto disfrutamos en las vacaciones.
    Sería muy agradable poder encontrar un lunes después de la 6 de la tarde gente de traje caminado en patas por Peatonal Córdoba, jefes sacandole fotos al atardecer desde los ventanales de sus oficinas, señoritas a las que no les molesta la lluvia en su pelo y señores que regresan a sus hogares caminado despreocupadamente por la calle.
    A caso no es la misma lluvia…el mismo atardecer….la misma belleza que no siempre estamos tan despiertos para ver?
    Veamos el mundo con ojos de vacaciones todo el año!!!

  2. Muy bueno Nico, esperamos fotos del estudio!

    Y Vir, por favor hace todo lo que haces en tus vacaciones, menos fumar los dias de semana! baja a la tierra!

    Saludos gordo, un abrazo!

  3. claaaa, el señorito va en busca de aventuras y se ducha con ojotas, dejame de joder!!!
    Acá en Capilla todavía me pasa eso de sentirme de vacaciones, encima toda la gente camina por la calle todo el tiempo, así que eso refuerza la sensación.
    Te mando un abrazo grande y espero las fotos de la ducha en ojotas

  4. Eso de “Hasta el 1.º de marzo se desocupa” es como el “Casi no me caigo” de acá… ya escuchaste “híjole” alguna vez? Era mi favorita…
    Caminar por la calle en vacaciones, en mi caso, con un perro prendido del tobillo, por supuesto!
    Felicitaciones por la casa!!! Avanzás tres casilleros 🙂

    Besooo

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