Antes de partir

Una de las primeras razones que uno encuentra para escribir cuando se va de viaje es la de “probablemente luego no pueda recordar tan vívidamente cómo me sentía en ese momento, qué me pasaba por la cabeza”, seguida de “así puedo registrar detalles que después se pierden en el tiempo, la tan famosa ‘bitácora’, ¿no?”.

Ambas son válidas, pero, me pregunto, ¿por qué suele surgir esa sensación de necesidad de aferrarse a lo efímero justo en esas circunstancias?

Estimo que pocos son los que documentan por escrito sus devenires diarios, la inesperada visita a la panadería ese jueves que parecía que iba a llover o la enésima llamada de aquel banco que por alguna razón cree que podés ser un cliente potencial.

Será algo geográfico. Esa sensación de que los lugares que uno visita no quedan atrás por sí solos, sino que también se quedan con lo que vivimos en nuestra visita. O, menos poético, que el viajero tiene ese capricho por evocar solo sus viajes y no el resto del tiempo que estuvo viviendo la vida como cualquier hijo de vecino que no vive ninguna aventura de camino a la panadería los jueves, salvo que llueva.

No sé si esto es capricho; pero por suerte en Internet algunos caprichos todavía son gratuitos.

Moverse en el lugar

 Le di bastantes vueltas al título de este blog. Siempre con esa ambición idiota de encontrar la combinación justa de palabras, pocas, que definan todo: quién escribe, quién lee, qué se escribe, por qué estamos aquí, qué es la vida y que a su vez, obviamente, sea super gracioso e ingenioso. Seguramente fallé.

Pero bueno: soy traductor, traslado palabras de un lugar a otro, me quedo en un lugar, me muevo a otro, me instalo, me desinstalo, me actualizo el software y soy increíblemente divertido explicando títulos de blogs.

Realmente no quería caer en un título como “Diario de viaje en México” ni “Las olas y el viento acarician mi tendinitis pero soy feliz”, porque el primero limitaba mis destinos a un solo país y el segundo sería largo y mentiroso; todos sabemos que las costas de México no son ventosas. Además, mejor que sea bien genérico, cosa de que si por alguna razón termino escribiendo desde una cárcel en Panamá, nadie salga a bardearme en los comentarios por no ser fiel al blog (lo más curioso de este escenario sería verificar si el sistema correccional panameño incluye el Wi-Fi como beneficio).

Playa del Carmen

Les debo la foto que tenía pensada subir del equipo de esnórquel que me llevo: máscara, patas de rana y bronceador factor 45. Digamos que con esa foto me ahorraba escribir toda esta explicación, pero aún no tengo cámara.

“¿Por qué México?” actualmente está entre las preguntas frecuentes que me vienen haciendo. Cuando especifico que el destino inicial es la Riviera Maya, después de putearme, a casi todos les resulta obvio. Playa, sol, arenas blancas (sinceridad 1: el color de la arena no es algo que me importe tanto, pero es como un cliché que se suele incluir en el paquete turístico, ¿no? Sinceridad 2: no me sigan pidiendo que les traiga arena, solo al primero que pidió le voy a llevar… si me acuerdo), aguas cristalinas, mucha vida acuática para espiar y… conexión a Internet (esas fajitas no se van a pagar solas).

Y Playa del Carmen sonó bien. Esta vez no quiero ser el original que se fue a Malta a matarse de calor porque si te tirabas al agua las medusas te acariciaban a su letal manera. Voy a lo seguro.

Hasta acá llega más o menos lo que tengo previsto. Las posibilidades son infinitas:

-Miles de cosas pueden pasar que ameriten subsiguientes artículos en el blog para que todos quieran estar acá conmigo

-Miles de cosas pueden pasar que ameriten subsiguientes artículos en el blog pero no los escriba porque estaré viviendo esas miles de cosas

-Pasen algunas cosas, escriba algunas, otras no, que el blog se vaya estancando y al poco tiempo piense: “¡Qué iluso! Pensaba que realmente iba a tener constancia para escribir lo que vivo en un viaje. Es jueves, ¿por qué estos mexicanos le ponen picante a todo?”

-Infinito

¡Ahí se ven!*

*¡Ay! Esperé tantos años para que escribir esto quedara bien.

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3 comentarios

  1. Faaaaaahhh!!! me encanto eso de que el mundo es un patio de juegos!!!! Coincido plenamente!!!
    Y considero que si se puede trabajar mientras el mar te dice buen día desde la ventana y el viento arrastra hasta tu olfato ese aroma marino que se mezcla con olor de tu café matutino, entonces, estoy segura que ni ese desayuno ni esa jornada laboral serán lo mismo.
    No cabe duda que estarás cumpliendo el sueño de muchos….”Meter la rutina en una valija y rajar bien lejos!!!”

  2. Recién leí el primer artículo, pero seguiré con ansias tus aventuras. Yo por acá ando en otra, más sedentario que nómade, pero jugando al fin. Ni me invites a visitarte porque seguro te voy a decir que sí y después no lo voy a cumplir, así que mejor hagamos el seguimiento a distancia.
    Un abrazo grande y si a ese otro le traés arena, A MÍ TRAEME LO QUE TE PEDÍ!!! (me conformo con una botellita de mescal, después lo otro me lo puedo procurar por mi cuenta alguna vez, jeje)

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